Guadalupe (Extremadura)
Hay que obsesionarse con las cosas; vivirlas con la máxima intensidad. Nada de tibiezas, nada de aburridos equilibrios. Eso sí, de modo sucesivo, porque la intensidad simultánea agota.
jueves, 27 de octubre de 2016
lunes, 11 de abril de 2016
Oporto y sus poetas urbanos
Tras cuatro años, por fin he tenido ocasión de volver a la preciosa Oporto, donde comencé este blog inspirada por lo que allí veía.
Han arreglado algunas de sus fachadas, pero sigue teniendo la misma carga de decadente nostalgia que tanto me enamorara.
Y al igual que entonces, veo lo que la ciudad esconde.
lunes, 28 de marzo de 2016
Lo que la ciudad esconde (16)
lunes, 23 de noviembre de 2015
Lo que la ciudad esconde (15)
En la puerta de un baño en una Universidad madrileña.
En la puerta de un baño de (otra) Universidad madrileña.
viernes, 28 de agosto de 2015
¿Una mini-miguita de chocotorta?
Cafecitos porteños
De Buenos Aires me gustan muchas cosas, y entre ellas destacan sus cafeterías. Las hay coquetas, arrabaleras, de paso, de sentarse sin apuro, de llevarse el café con pajita... Me encantan las que hacen esquina, con pocas mesitas y grandes cristaleras, desde las que uno puede ver pasar las horas y la gente.
En casi todas, cuando pedimos un cafecito viene con algo más. Puede ser un detalle meramente testimonial, por ejemplo una galletita; o, si hay suerte, cae el pack completo: masitas y un pequeño vaso de soda. Y en el medio hay infinidad de posibilidades. Pero lo que importa es que casi siempre viene algo más que el café. Es la versión porteña de la tapa que acompaña al aperitivo español.
Los descreídos dicen: "Y claro, con lo caro que cobran en las cafeterías es normal que agreguen algo". No les falta razón. Pero yo prefiero quedarme con la mística del asunto, la que rodea a la gente cuando, en una calle inesperada y entre trámite y trámite, se sienta a leer el diario mientras toma un café, y recibe algo dulce de regalo, como un pequeño lujo cotidiano.
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En casi todas, cuando pedimos un cafecito viene con algo más. Puede ser un detalle meramente testimonial, por ejemplo una galletita; o, si hay suerte, cae el pack completo: masitas y un pequeño vaso de soda. Y en el medio hay infinidad de posibilidades. Pero lo que importa es que casi siempre viene algo más que el café. Es la versión porteña de la tapa que acompaña al aperitivo español.
Los descreídos dicen: "Y claro, con lo caro que cobran en las cafeterías es normal que agreguen algo". No les falta razón. Pero yo prefiero quedarme con la mística del asunto, la que rodea a la gente cuando, en una calle inesperada y entre trámite y trámite, se sienta a leer el diario mientras toma un café, y recibe algo dulce de regalo, como un pequeño lujo cotidiano.
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