lunes, 26 de marzo de 2012

Arte contemporáneo

En enero la gente suele hacerse una lista de nuevos propósitos para el año que comienza. A mí, en cambio, los inicios de año no me inspiran para comprometer mi tiempo a futuro, porque considero que cualquier momento es bueno para dejarse llevar por los impulsos. ¿Por qué limitarse a un mes al año para trazar la agenda? ¿Y por qué trazar agendas?

Pues bien, en las postrimerías de este mes de marzo, manifiesto que tengo muchas ganas de esforzarme por entender el arte contemporáneo. Es difícil, ya sé, y seguramente esta obsesión, como todas, pasará a mejor vida antes o después, incluso sin haber llegado a conseguir el objetivo.

Han sucedido cosas que me convencen de que vale la pena al menos intentarlo. La definitiva: mi visita de ayer al Museo Serralves, en Oporto.
Un día de sol, y familias enteras entrando al Museo para aprovechar los últimos días de exposición de las pinturas de Eduardo Batarda, y las Impresiones de Raymond Roussel. Cuando digo familias enteras, me refiero a que había niños; niños mirando fijamente una obra, mientras sus madres o sus padres les explicaban cosas que ojalá hubiera podido oír yo para entender mejor las piezas.

Si los niños captan el mensaje, es que el mensaje existe, así que estoy dispuesta a descubrirlo.

Impresiones de África (Markus Raetz)
Outra vez nao (Eduardo Batarda)

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