domingo, 9 de diciembre de 2012

Comiditas picosas

Es la tercera vez que voy a México, y hasta ahora huía de los picantes. Aprendí que hay una tabla de equivalencias no escrita según la cual, cuando le preguntas a un mexicano si una comida pica y dice que no, pica, y si dice que sí, entonces es que es de lágrima.
Pero se ve que a la tercera va la vencida, porque en esta última ocasión no solo toleré bien los picantes sino que me gustaron, y terminé entregándome a ellos, cómo no, en plan obsesivo. En una semana, mi evolución fue la siguiente: primero sin salsas, después con salsa aparte, y finalmente bañando mi comida en ella.
En fin, aquí algunos momentos de agradable turismo gastronómico.

Caña de azúcar. Se mastica hasta extraerle el juguito dulce

Tacos "hawaiana" (porque también llevan piña)

Torta de pierna

Lo que la ciudad esconde (6)


Morelia (México)

Lo que la ciudad esconde (5)


"No hables tanto y actúa más" (Morelia, México)

Es pero no es (7)


En Sanborns, Morelia (México)

Es pero no es (6)


También en Morelia, México.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Dietas

Durante la primera mitad larga de mi vida fui de esas personas afortunadas que podían comer de todo y a todas horas, sin engordar ni un gramito. Tanto era así, que a veces me daba ganas de hacer régimen tan solo por probar qué se sentía. Pero mis apetencias gastronómicas no me dejaban llegar muy lejos. Recuerdo una vez que había decidido empezar un régimen y esa misma mañana, nada más levantarme en el que sería mi primer día de dieta, vi una fuente de ravioles en la heladera. Me los desayuné inmediatamente.
No sé bien en qué momento fue, pero llevo ya años en los que mi cuerpo se comporta como el del común de los mortales, y si no cierro el buche... pues engordo. Es verdad que, según dice mi cuñada, no engordo tanto para lo muchísimo que como, y eso es indudablemente una suerte, pero aún así digamos que si no me cuido, termino con dos talles más de ropa.
La nueva tesitura me hizo pasar por varios períodos de régimen, acometidos cada uno de ellos con la fascinación de las obsesiones que rigen mi vida. Dietas de menús fijos, dietas disociadas por días, dietas de puntos, dos tazas de agua caliente en ayunas... Todo funcionó inicialmente y luego ya no, en buena parte por mi incapacidad para atenerme a las reglas más allá de lo que duraba la obsesión. Bueno, lo del agua funcionó porque me daba nauseas y entonces se me cerraba el estómago durante varias horas, pero una vez que me acostumbré podía tomarme el agua y después desayunar como una reina. Respecto del desayuno, también probé eso de que es la comida más importante del día y hay que comer mucho a la mañana para hacerlo en menor cantidad durante el día, e igualmente hice la prueba con lo de comer cinco veces diarias. Con estas dos técnicas terminé comiendo más cantidad y engordé.
También he de confesar que con la comida a veces me pasa algo muy curioso. Si tengo ganas de comer algo, tipo antojo, funciona como una especie de droga que nubla mi cerebro y se me olvida (¡sí, se me olvida!) que estoy pretendiendo hacer dieta. Mi madre llegó a recomendarme sacarme una foto y ponerla en la puerta de la heladera, para "recuperar la memoria" en el momento álgido.
Otro elemento que juega invariablemente en mi contra es que busco apoyo en foros de internet (porque una obsesión no es completa si no participa internet de alguna manera) y resulta que en estos foros no parece haber gente que simplemente quiera bajar unos kilitos, sino que están copados por quienes parten de un sobrepeso significativo. Así que tuve que aguantar que me prohibieran la entrada y/o que me llamaran enferma y me aconsejaran ver a un psiquiatra. Por supuesto que yo no pretendía ni pretendo tener aspecto de anoréxica, pero no pienso aceptar sin más, como me decían, que con los años se gana peso y hay que aguantarse, o que para la edad y altura que tengo estoy muy bien. Sé perfectamente con qué peso he estado mejor teniendo ya esta altura, y cumplir años no tiene por qué ser, desde mi punto de vista, un inexorable camino hacia el engorde.
El caso es que un día mi marido me contó que había una dieta que estaba haciendo furor en Francia, basada en las proteínas, y que el libro del autor se vendía como un best-seller. Lo vimos en los anaqueles del supermercado y, como un juego, lo compramos y decidimos probar los dos juntos. ¡Y ha sido una maravilla! He leído grandes críticas a esta dieta y no pienso perder el tiempo en rebatirlas. Sólo diré que a nosotros nos ha funcionado.
Desde que la terminamos, más o menos una vez por semana hacemos un día de dieta que nos permite compensar los excesos. Hoy tocaba, ¡sobre todo porque ayer nos pasamos un montón en el cumpleaños de mi sobrino! Mi marido se comió unos bifes pero yo no tenía ganas de carne de vaca, así que me preparé esto, sacado de internet:
Bocaditos de atún a la mostaza:
Mezclar enérgicamente 2 huevos, 2 cucharadas soperas de queso batido 0%, 1 latita de atún natural, 1 cucharada sopera de mostaza Dijon, pimienta. Volcar la preparación en moldecitos de silicona y al horno 190º unos 20 minutos.
Quiche de surimi:
Batir 3 huevos, 4 cucharadas de queso batido 0%, un chorro de leche desnatada, 250 gr. de palitos de surimi picados, sal, pimienta, perejil y orégano. Engrasar la cubeta de la Fussioncook, volcar la mezca, poner la tapa con la bálbula abierta, menú horno 25 minutos. 
Como el surimi no es lo que más nos gusta del mundo, la próxima vez lo sustituiré por jamón york.

domingo, 26 de agosto de 2012

Melocotones y rollitos de jamón

Dicen que a quienes les gusta comer les gusta cocinar y cocinan bien. En mi caso, se cumple claramente la premisa: me encanta comer. También se cumple la primera consecuencia: me gusta cocinar, pero no permanentemente sino a rachas.... como una obsesión sucesiva más. De pronto me entra el ansia de expresarme picando verduritas variadas, o amasando pan, o moldeando galletitas, o triturando una salsa. Y así como me viene la obsesión y me captura, por ejemplo, todo un fin de semana en el que atiborro la heladera de platos como para un regimiento, así también se me pasa y comemos lo que menos elaboración exija durante varios días seguidos. Es lo que tienen las obsesiones.
En fin, dándose la premisa y la primera consecuencia con el matiz que acabo de exponer, lo que desde luego falla en mi caso es que no cocino bien con carácter general. ¿Vieron esas personas que hasta se dan el lujo de tunear recetas y siempre les salen cosas riquísimas? Pues a mí no me pasa. Es más, siguiendo al pie de la letra las recetas con medidores y balanzas, a veces tampoco lo consigo.
Pero bueno, no es que sea un absoluto desastre... algunos platos sí que me salen; justo los necesarios como para insuflarme valentía y animarme a seguir experimentando. Eso es lo que pasó ayer, y el resultado, para mi sorpresa, fue altamente positivo. 
El menú: 1º) melocotones rellenos de atún y, para los más clásicos, rollitos de jamón rellenos de atún y cebolleta; 2º) solomillo de cerdo con salsa de ciruelas.
El solomillo lo ilustro otro día porque lo tengo más calado; el experimento de ayer fueron los entrantes, que saqué de internet.

Melocotones rellenos de atún:
Mezclar atún escurrido del aceite con mayonesa y rellenar melocotones previamente escurridos del almíbar y secados con papel de cocina. Coronar con pepinillo. Servir en una fuente con lechugas variadas sazonadas con sal y aceite.
En la receta original el pepinillo se sustituye por mújol o por medio cherry, y la lechuga se pica y se sazona con reducción de vinagre balsámico.... ¡pero no encontré en el supermercado!
Rollitos de jamón york rellenos de atún y cebolleta:
Mezclar cebolleta picadita con atún escurrido, mayonesa, huevo duro picado y tomate triturado. Rellenar lonchas de jamón york y enrollar en cilindros. Colocar sobre tostadas aromatizadas con ajo y aceite de oliva. Decorar con mayonesa y huevo duro rallado.
En la receta original el tomate triturado se sustituye por "salsa de tomate", o sea ketchup. A mí me pareció demasiado pedestre, pero tomo nota para una próxima incursión con salsa rosa...

jueves, 26 de julio de 2012

Azúcar quemada

Hoy me vino el recuerdo de un hierro al fuego en la chimenea de la quinta, calentándose al rojo vivo, para hacer "azúcar quemada". No sé porqué lo decíamos en femenino, pero así era.
Me fascinaba ver cómo ese hierro candente, metido en una lata vieja llena de azúcar, le cambiaba su natural color blanco por un marrón casi negro, formando grumos de caramelo.
Y en el recuerdo apareció mi tía-abuela Maqueca, dirigiendo el experimento porque era la encargada luego de preparar el mate al que ese azúcar iría a parar.
Y aparecieron mis abuelos Lala y Lolo, y también mi tía-abuela Lita, sentados en círculo en la galería de la casa, esperando su turno de mate con azúcar quemada, quizá acompañado de algo de factura o de bizcochitos de grasa.
Y Lala diciéndonos que nosotros no podíamos tomar mate con ellos porque éramos chicos para compartir bombilla con adultos, que nos enfermaríamos.
Y Lolo entrecerrando los ojos, quedándose medio dormido hasta que volvía a tocarle el turno.
Y nosotros circulando en karting, bici o patines alrededor de este círculo, como si no hubiera más espacio por donde pasar.
Porque de toda la vida se ha sabido que a los chicos lo que más les gusta es estar con los grandes.

miércoles, 27 de junio de 2012

Bobby II

Les presento a mi disco portátil. 

Su función oficial es contener copia de seguridad de todo mi trabajo, pero él y yo sabemos que es mucho más que eso: él tiene siempre la versión última de todo, y en cambio los diversos ordenadores que pasan por su vida a lo largo de la semana apenas si logran ponerse el día cuando tienen la suerte de recibirlo.

Hace poco perdió protagonismo en favor de una aplicación que permite guardar los archivos en la nube. Él se limitó a aguantar calladamente la traición, con la tranquilidad que le daba el saber que me aporta algo que nadie más puede: pone a mi disposición la información sin necesidad de conexión a internet. Sus competidores pueden ser más eficientes si se dan las condiciones para ello, pero son gigantes con pies de barro.

Se empezó a descascarar al poco de comprarlo, seguramente porque intuía el traqueteo que le esperaba, siempre conmigo de campus en campus, de institución en institución, de país en país.

sábado, 16 de junio de 2012

Sé original: no tunées

Observo con fascinación cómo la gente decora sus autos.
No me parece mal, dado que se pasan muchas horas en su interior, aunque personalmente me gustan más los coches que conservan su carácter instrumental y austero, los que se resisten a pasar por la indignidad del tuneo doméstico.
En esto, como en todo, ha habido modas: dejando de lado las tendencias de colectivero (dados de peluche, estampitas en el parasol, asiento de bolas o camisetas a modo de fundas grunge), todo comenzó con el pino aromatizador que se colgaba del espejo retrovisor, siempre que no estuviera ya ocupado el espacio por un rosario. Poco a poco, estos adornos fueron sustituidos por las cintas deportivas o patrióticas, y para quienes aún quieran aromatizar su automóvil hay unas mini botellitas de ambientador muy monas también para colgar, renegando así de su clásica posición en la salida del aire acondicionado.
El interiorismo hizo furor con las cajas de pañuelos de papel, que en un principio yo creí destinadas a atender imponderables infantiles, pero me quedé muerta cuando las vi también en coches de solteros y sin compromiso. Imagino que serían grandes moqueadores...
Me hizo gracia, al principio, la instalación de perritos afirmativos (esos cuya cabeza basculaba al ritmo de los movimientos del coche). Cuando en un semáforo veía uno en el tablero de otro coche, me quedaba como hipnotizada mirando cómo su cabecita iba poco a poco calmándose del frenazo.
Estos perritos fueron sustituidos por sus primos inmóviles, los de peluche, que se acomodaron en los tableros traseros como podrían haber estado en la estantería de una habitación. También pensé al principio que era cosa de autos con niños... pero no. Incluso algunos conductores ponían sus peluches mirando por el cristal, en plan "que todo el mundo vea este muñeco precioso en mi tablero y me admire por lo buen decorador que soy".
Y luego llegaron los sombreros de paja. De ala ancha, estilo pamela, modelo panamá, con publicidad... Si había un sombrero olvidado en algún armario y era de paja o al menos lo parecía, su lugar natural pasó a ser el tablero trasero del auto. Claro que, como todo no cabe, había que quitar los peluches y, para los más pasados de moda, incluso la caja de pañuelos.
Y en el exterior, no me digan que no se les viene a la cabeza la calcomanía de la famosa margarita: esa flor tan sencilla, con sus pétalos blancos y el centro amarillo, que de pronto floreció en el 90% de las carrocerías. Los clásicos las pusieron atrás, a un lado de la matrícula. Los más osados la situaron justo en la puertita de la toma de gasolina. Incluso hubo quienes se esmeraron y pusieron varias de distintos tamaños (lo que se dice una composición floral).
A mí me gustaba, pero su generalización inmediata, casi promiscua, me hartó enseguida. Para el común de los mortales que sucumbió, imagino que fue doloroso tener que situar la margarita en donde siempre había estado la calcomanía del pueblo natal o ancestral, o del Che, o de Janis Joplin, o del toro de osborne.
Ahora también la margarita ha pasado de moda.... y yo me pregunto qué será lo próximo que despierte el sentimiento gregario de la población motorizada y hala, toooodos a decorar otra vez. 
Les confieso que me estoy riendo, porque, puesta a poner cosas absurdas, pensé: "Ya sé ¿Por qué no el feng-shui del auto?", pero resulta que, aunque parezca mentira, una rápida comprobación en google demuestra que eso ya existe.
Claro que hasta que no se ponga de moda, es como si no existiera.

domingo, 3 de junio de 2012

Viviendo al límite

Tenía un compromiso laboral en Barcelona, y allí que me fui, en el AVE, con mi maletita de ruedas. Por el camino aprendí que no conviene viajar con pantalones blancos, por muy estupenda que te sientas al ponértelos.
1º) Primer manchón al subir la maleta al autobús... y apenas si había salido de casa! Me pasé todo el trayecto dándome golpes en las piernas para intentar quitar las manchas. Había un niño que no dejaba de mirar asombrado como me autolesionaba.
2º) En la estación de tren no se me ocurrió mejor idea que comprarme un café para llevar, lo que añadió un elemento de riesgo adicional que cualquier persona sensata habría evitado...pero yo no. Eso sí, todo el rato trataba de quitar de mi cabeza la imagen del café derramándose por mis pantalones, porque dicen que si piensas mucho en algo al final sucede. 
3º) Segundo manchón al subir la maleta al tren. Nueva tanda de golpes.
4º) Ya sentada y terminado mi café, no había dónde dejar el vaso vacío, así que lo puse en el bolsillo trasero del asiento de delante de mí. Un rato más tarde, con un desafortunado movimiento de pierna conseguí, sin proponérmelo, sacarlo del bolsillo y tirármelo encima. Menos mal que estaba vacío, que si no se habría cumplido la profecía.
5º) Estaba vacío pero no era del todo improbable alguna pequeña mancha, así que me dispuse a examinar la zona para hacer el correspondiente control de daños. Tenía la bandeja bajada, de modo que la subí para agacharme, pero no la trabé bien y se bajó cuando acercaba mi cara, dándome un golpazo en los belfos que hizo que la ortodoncia se me tatuara en la cara interior del labio superior. "Pero no hay mancha de café en el pantalón, que es lo importante", pensé, entre lágrimas.
6º) Tercer manchón al bajar la maleta del tren.
Llegué al hotel y como tenía un par de horas libres me interrogué: ¿aprovecho el tiempo para adecentarme y cambiarme los pantalones......o me voy a las Ramblas? A las Ramblas, obvio.
7º) Después de comer una ensalada de salmón en una terraza de la Plaça Reial, decidí tomarme un helado... y voy y me lo pido de chocolate bien bien bien oscuro! Cuando me di cuenta me entró un poco de risa, la verdad. Es que soy mi máxima saboteadora.
Pero he de decir que el riesgo valió la pena.

lunes, 21 de mayo de 2012

Es pero no es (4)


¿Para qué gastar en adoquines si se pueden dibujar en el cemento?
Espero que perciban que acá el mérito es de los ciudadanos, que viendo el cemento fresco recién rayado resistimos la tentación de pisar y estropear la obra de arte.

Lo que la ciudad esconde (3)


"Busco en Google nuevo orden mundial"

domingo, 6 de mayo de 2012

Se viene, se viene una nueva...

Una vez más, he decidido cambiar de actividad deportiva. Los motivos son muy variados, pero, porqué no reconocerlo, entre ellos está el que nunca he durado demasiado haciendo lo mismo en lo que a gimnasia se refiere. Y los astros han confluido en este mes de mayo para convencerme de que es el momento de un cambio: fuera gimnasio, fuera clases con horarios....¿qué tal un poco del antiguo "jogging", modernamente conocido como "running"?

Sí, ya sé: no es la primera vez que lo intento, y en otras ocasiones lo he descartado ipso facto por aburrido y porque a los dos minutos estoy, invariablemente, echando el hígado por la boca. Tampoco es de esas actividades que exijan concentración y así desconecto de los problemas del día (gimnasia cerebral).

Y entonces, ¿por qué ahora me interesa? Primero, porque es gratis, cualidad que en otros momentos habría pasado más desapercibida. Segundo, porque tiene horario flexible, gran valor en mi vida en este momento.

Y tercero.... tercero, señores.... porque lo combino con las tecnologías que tanto me obsesionan.
Emulación de foto mucho más artística y colorida de mi hermano S.
Mi ipod registra tiempo, velocidad y recorrido, con música de fondo y mensajes de ánimo (esto último muy importante). Tengo descargado en mi calendario el entrenamiento correspondiente a cada día, y en el ordenador se generan gráficas y evolución. Si me propongo un objetivo se publica en Twitter. 

En fin...

No sé lo que aguantaré, porque lo cierto es que ninguno de estos avances tecnológicos impide que corra como un pato asmático.

Pero el caso es que, aún boqueando, este temita empieza a adquirir perfiles obsesivos...reconozco los síntomas. 

martes, 1 de mayo de 2012

Cada cosa en su lugar

Anoche, no sé por qué, me acordé de lo feo que era tener que madrugar en casa de mi abuelo, para ir al colegio o a la Universidad. Era como antinatural, lo contrario del orden divino de las cosas.

De toda la vida, a casa de mi abuelo se iba a  disfrutar: a ver la tele, a comer chocolate y sandwiches de miga...a empezar el fin de semana. Se iba sabiendo que al día siguiente no habría obligaciones, ni uniformes, ni carpetas. Eran unas mini-vacaciones que él nos regalaba cada semana.

Pero a veces, muy pocas, por algún motivo las cosas cambiaban, y tocaba despertarme oyendo a mi abuelo llamarme mientras encendía la luz. Lo malo no era el madrugón ni su finalidad, sino que ocurriera allí.

En mi cabeza, incluso el cuarto se veía como si no fuera el mismo, cómplice de la ruptura de las reglas del juego, de la plácida rutina, del mundo tal como debía ser.

viernes, 27 de abril de 2012

El trabajo como anestesia obsesiva

Hoy por fin tengo un respiro, corto pero respiro al fin, en un ciclo de trabajo de esos que me absorben completamente. Yo siempre estoy trabajando mucho; como dice mi madre, realmente a mí eso me gusta. No sé si lo que me gusta es trabajar mucho, o más bien saber que eso es la consecuencia de que se cuenta conmigo para muchas cosas interesantes. La bendita implicación, otra vez...

A veces me doy cuenta de que el trabajo pasa a un primer plano en mis prioridades, por una cuestión de responsabilidad obsesiva, convirtiéndose en una anestesia para todo lo que me rodea. Lo que otros se tomarían con más calma, a mí me captura intensamente y por completo. Postergo a todo el mundo, empezando por los más cercanos... tal como lo hago conmigo misma aunque con la diferencia de que yo soy una incondicional mía y asumo con comprensión mis decisiones -soy la única que nunca me digo que no-, pero los demás no tienen por qué pasar por mis sacrificios autoimpuestos. ¿Comer? No hay tiempo. ¿La casa se viene abajo del desorden? Ya me ocuparé cuando pueda. ¿La familia se reúne? Bien por ellos. ¿Mi marido me reclama? Debe ser más generoso.

Nada importa cuando el trabajo sube al primer puesto de mis obsesiones. Bueno, en realidad todo se desdibuja cuando algo, lo que sea, sube a ese primer puesto, pero la diferencia es que el trabajo implica una responsabilidad hacia terceros, y ahí...ahí el mundo puede desmoronarse que yo estoy anestesiada.

martes, 17 de abril de 2012

De dónde somos

Nací en un país y vivo en otro. Ya hace más años que estoy en el segundo, y debo decir que desde hace mucho tiempo que no me siento extranjera; casi que ni me siento inmigrante. Eso es algo que debo agradecer a mi país de acogida y a su gente maravillosa, que siempre me ha integrado con total naturalidad, tanto que puedo protestar como la que más si algo no me gusta, y jamás nadie me ha dicho lo que, francamente, podrían haberme sugerido: si no te gusta, ¿por qué no te vas? No me voy porque es mi casa, y uno en su casa tiene derecho a protestar.

Los vínculos con el país de origen son también muy fuertes, y aunque los años pasados allí cada vez serán relativamente menos del total de mi vida, lo importante es que han sido los primeros, las primeras décadas. Por eso, a día de hoy cuando alguien de mi segundo país me oye el acento y me pregunta que de dónde soy, sigo diciendo que de mi primer país, sin que ello merme en absoluto mi sentido de pertenencia también al segundo.

Pienso que tengo mucha suerte de tener dos países a los que mi vida me arraiga. Soy mucho más rica gracias a eso, y considero que los que se encierran adrede y desprecian lo exterior se vuelven voluntariamente ciegos.

Pero hoy soy dolorosamente consciente de que tener dos países puede plantear problemas, cuando entre ellos se genera conflicto. Y no hablo de competiciones deportivas, sino de asuntos que de verdad dejan herida.

Durante mucho tiempo no contemplé semejante posibilidad, porque la fortaleza de los lazos entre ambas naciones y la importancia de las cosas que tienen en común me impedía suponer que podrían llegar a enfrentarse en cuestiones relevantes. Sin embargo, todo empezó a cambiar cuando festejos que debían acercarlos se convirtieron en la ocasión de manifestar resentimiento por cosas que pasaron hace más de 200 años, o incluso hace más de 500, y cuando las fronteras se dibujaron más intensamente allí donde habían estado franqueadas a principios del siglo pasado.

Y de aquellos polvos estos lodos. Hoy asistimos a un grave conflicto comercial que los dos países han convertido en político: uno por las mismas razones que lo llevan a vivir con resentimiento su propia historia, y otro por la coyuntura económica tan delicada que lo estrangula. Y los respectivos pueblos se posicionan, jalonados por la demagogia irresponsable e interesada de sus gobernantes: uno siente que protege lo suyo del usurpador, y el otro que ha recibido un golpe a traición aprovechando su debilidad. Yo no creo que haya aquí usurpadores, ni que se sea del todo consciente de la envergadura del golpe dado.

La situación me duele, pero no por el conflicto en sí, sino por las actitudes desplegadas y los argumentos utilizados, planteando un escenario de agresión de país a país. En ambos se está exacerbando el patriotismo mal entendido, como arma arrojadiza contra un pueblo hermano.

Más allá de dónde residan las razones, analizo mi propia reacción, cómo no, obsesiva -seguramente provocada por actitudes rabiosas que he observado de los dos lados-. Cuando algo duele es porque se siente, porque importa; eso me ha hecho pensar en los vínculos, en los arraigos, en el sentido de la pertenencia a un pueblo...o a dos.

lunes, 9 de abril de 2012

Vecinos

Cerca de casa hay un parque con su pequeño lago artificial, hogar de varios patos. Cada tanto tienen cría y puede verse a Mamá Pata nadando seguida de sus patitos en fila india.

A veces el lago, e incluso el parque, se les queda pequeño, y se sienten patos urbanos, así que salen a dar una vuelta por el barrio. Eso ocasiona un despliegue importante: viene la Guardia Civil a cortar el tráfico y ves a Mamá Pata y sus patitos cruzando ordenadamente la calle para dirigirse a la zona de viviendas.

Por supuesto, para las excursiones no hay horario, de modo que es posible que les dé por iniciar su recorrido en plena noche (¡patos urbanos y noctámbulos!).

Hace un par de noches, en plena madrugada me despertaron sus graznidos. Debían estar en la entrada de casa, discutiendo el siguiente itinerario.

[Sí, ya sé que quedó ñoño, pero hay cosas que me pasan que son ñoñas en sí mismas, qué le voy a hacer].

viernes, 6 de abril de 2012

Potaje de garbanzos heterodoxo

Hoy es viernes santo y la tradición religiosa española manda comer potaje ("de vigilia").
Las tradiciones religiosas no constituyen una de mis obsesiones, pero el potaje me encanta... al menos el de mi suegra, que es el que he probado. Y como había que pensar en la comida de hoy, se me ocurrió, ahí donde me ven, probar a hacer potaje yo solita. Con un par.
Eso sí, no tenía bacalao ni espinacas, así que iba a ser un potaje sui generis. Y, cómo no, tenía que poder hacerlo en mi ollita mágica (Fussioncook), de la que hablaré aquí algún día porque está muy bien posicionada en el ranking de mis obsesiones.
Encontré una receta (original aquí), de la que suprimí el bacalao y tuneé en lo necesario, quedando como sigue:
Poner en la olla los garbanzos previamente puestos a remojo la noche anterior. Cortar en trocitos y echar una cebolla, un par de zanahorias, 4 o 5 dientes de ajo y 2 pimientos verdes italianos (o 1 normal). Añadir un cuarto de lata de tomate triturado (no tenía un tomate maduro), 2 hojas de laurel, 1 cucharadita de pimentón dulce y otra de comino, un caldito de verduras y una pizquita de pimienta negra. Echar un chorreón de aceite de oliva y dos medidas de agua. Programar menú "legumbres duras"y dejar despresurizar sola. Sacar un cucharón de garbanzos y parte del líquido, pasarlo por la batidora y vuelta a la olla. Rectificar de sal.

El Juez Intergaláctico en platos de cuchara vive conmigo, y ha dicho que estaban "deliciosos" (lo que significa que para el resto de los mortales estarían de morirse absolutamente), aunque quizá para la próxima deban tener un poquito menos de caldo... e incluso un poco de huevo rallado por encima, como los presenta mi suegra.

Por cierto, para mí, siguen ganando los garbanzos de ella.

martes, 27 de marzo de 2012

Oporto 2012

Google no se puede creer.... TODO está conectado. Es el verdadero Gran Hermano.
Ahora resulta que también tengo cuenta en Youtube!

Bueno, el caso es que llevo unos días experimentando con IMovie, y por fin terminé esta especie de resumen gráfico (muy muy muy resumido) de lo que vi en estos dos meses. Seguro que a mi hermano S. le parecerá absolutamente rudimentario, pero para ser la primera vez seguro que no está tan mal....

 

El gallo de Barcelos

Los fines de semana en Oporto los dedico casi siempre al turismo. El sábado pasado conecté mi Tom Tom y lo programé para que me llevara a Barcelos. ¡Cómo no conocer la ciudad del famoso gallo que simboliza al país entero!
¿No conocen la leyenda? Les cuento: 
Resulta que un peregrino gallego que se preparaba para salir de Barcelos rumbo a Santiago de Compostela, fue acusado de robarle la plata al terrateniente y condenado a morir en la horca. Su última voluntad fue que lo llevaran una vez más ante el juez, que en ese momento estaba a punto de comerse un gallo asado. El peregrino le dijo que, como prueba de su inocencia, el gallo se levantaría y cantaría. El juez no le creyó y echó el plato a un lado, pero mientras ahorcaban al peregrino, el gallo se puso a cantar. El juez corrió a la horca y descubrió que el peregrino se había salvado gracias a un nudo mal hecho.

Además de las típicas figuritas y reproducciones en el soporte que se les ocurra, el gallo está en las calles. Aquí algunas muestras:





;-)

Lo que la ciudad esconde (1)

Una amiga de aquí, la que me introdujo en el mundo de los blogs (seguramente no contaba con que me obsesionaría), colecciona en el suyo graffitis ingeniosos o sugerentes. Me lo dijo un día en que paseábamos por Coimbra, mientras se detenía a sacarle fotos a unas pintadas. Yo, al principio, no le vi la gracia, seguramente porque con lo distraída que soy ni me doy cuenta de lo que hay escrito a mi alrededor. 
Pero ahora creo que es cuestión de práctica empezar a detectar lo que la ciudad esconde.


Mi cámara y yo

Llevo algunos días cuestionándome, pero solo un poquito, por qué no le hice caso a mi hermano S. y me compré una cámara fotográfica mejor, de esas que cuando te pasan las fotos decís: ¿por qué a mí no me salen nunca tan buenas?

Pero digo que el arrepentimiento es sólo un poquito, porque no me imagino cargando con el típico "bolsito de la cámara". Me gusta llevarla en la cartera como una cosa más, junto a la billetera, la manteca de cacao, los anteojos de sol...

En fin, que creo que mi obsesión tiene la cámara que se merece, ni más ni menos.

El caso es que hoy, volviendo a casa, me dio por la fotografía urbana.

Todo esto está en la Avenida de los Aliados, en Oporto.

lunes, 26 de marzo de 2012

Es pero no es (2)



Es pero no es (1)

Museo Serralves (Porto)
Casa Serralves (Porto)

Porto

Arte contemporáneo

En enero la gente suele hacerse una lista de nuevos propósitos para el año que comienza. A mí, en cambio, los inicios de año no me inspiran para comprometer mi tiempo a futuro, porque considero que cualquier momento es bueno para dejarse llevar por los impulsos. ¿Por qué limitarse a un mes al año para trazar la agenda? ¿Y por qué trazar agendas?

Pues bien, en las postrimerías de este mes de marzo, manifiesto que tengo muchas ganas de esforzarme por entender el arte contemporáneo. Es difícil, ya sé, y seguramente esta obsesión, como todas, pasará a mejor vida antes o después, incluso sin haber llegado a conseguir el objetivo.

Han sucedido cosas que me convencen de que vale la pena al menos intentarlo. La definitiva: mi visita de ayer al Museo Serralves, en Oporto.
Un día de sol, y familias enteras entrando al Museo para aprovechar los últimos días de exposición de las pinturas de Eduardo Batarda, y las Impresiones de Raymond Roussel. Cuando digo familias enteras, me refiero a que había niños; niños mirando fijamente una obra, mientras sus madres o sus padres les explicaban cosas que ojalá hubiera podido oír yo para entender mejor las piezas.

Si los niños captan el mensaje, es que el mensaje existe, así que estoy dispuesta a descubrirlo.

Impresiones de África (Markus Raetz)
Outra vez nao (Eduardo Batarda)

domingo, 25 de marzo de 2012

Los distintos tonos de verde





Hace muchos años, mi tía me contó que a mi abuela solían llamarle la atención "los distintos tonos de verde" de la vegetación. No sé por qué, eso se me quedó grabado.

Casi no tengo recuerdos de ella, y jamás le oí decir esas palabras, pero, indirectamente, constituye una forma de remembranza muy vívida. Muchas veces me pasa que, en bosques y jardines, me acuerdo de mi abuela y de apreciar las tonalidades que ella, sin duda, habría señalado.

Hoy, en los jardines del Museo Serralves, mientras paseaba por sus senderos de aromas encendidos por el calor, volví a recordarla, perdiéndoseme la mirada entre los árboles.